sábado, 12 de abril de 2014
Me mata la forma en que me miras, el brillo de tus ojos, tu mirada penetrante e misteriosa, la Luna reflejada en tus ojos, las arrugas que te salen al lado de estos cuando ríes; me mata la apertura de tus comisuras cuando muestras tus alineados pequeños dientes blancos; me mata el color de tus carnosos labios, su fino tacto, su dulce e inexplicable sabor; me mata cómo tu fino cuello pide a gritos ser devorado; me mata tu perfecta silueta; me matan tus finas pero fuertes piernas; me matan tus pequeños pies y sobre todo diminutos dedos; me mata el tono de tu voz, me mata la forma en la que me mencionas; me mata tu olor; me mata el color de tu piel; me matan tus caricias mientras me cantas susurrando hasta conciliar el sueño; me matas cuando sonríes en cada cruce de miradas; me matas cuando pestañeas, la forma en la que pones los labios cuando ahogas sonrisas; me matas cuando lloras pero aún más cuando ríes; me matas siendo tú, con tus virtudes y tus inconvenientes, con tus alegrías y tus miedos.
Eres un arma que mata silenciosa, y dolorosamente que siempre se encuentra cargada y que mata a todo lo que encuentra por el camino, lo mismo que hiciste conmigo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La descripción perfecta.
ResponderEliminar