miércoles, 22 de octubre de 2014

Sienta tan bien estar en tus brazos… pero no puedo permitirme este lujo. Sé que esto no va a salir como espero ni mucho menos, aunque la gente insista en que sí, tengo un presentimiento de que todo tarde o temprano se va a acabar esfumando. Dicen que quién no arriesga no gana, pero quién arriesga también puede perder y ese hecho me aterra ya que hay mucho en juego. Me tientas a hacer cosas que jamás haría por nadie. Algo dentro de mí me incita a seguir adelante, a no tirar la toalla, algo me ata a ti con nudo de soga y me mata poco a poco a cada segundo que paso a tu lado. Tiempo al tiempo, pero tengo claro que nunca te conseguiré, y este tal vez nos aleje. Todo lo que ves negro para mí es blanco al igual que todo lo que ves blanco para mí es negro, pero todo lo que tiene que ver contigo y todo lo que te rodea para mí es de mil de colores. Cada vez que me miras y cada vez que me tocas irradio felicidad, cuando me sueltas me es imposible ver y tropiezo. Esto solo tiene una cura, y sólo tú sabes cuál es. Mis sentidos entran en cordura cada vez que estas cerca mía y el corazón me delata cuando te acercas demasiado. Digamos que soy más tuya que mía, y eso es más malo que bueno. Perdí el norte en la primera mirada, busco dentro de tu pecho por si me encuentro, y ahí estoy, tan perdida como siempre, observando las muchas heridas del pasado y prometiéndome que no se quedarán así. Me pasaría la vida sobrevolando el cielo al que me llevan tus labios en cada beso, navegando en el misterioso mar de tus ojos y caminando sobre tu delicada piel en busca de cobijo.
Tengo el corazón hecho de pedacitos de querer y no ser correspondida nunca; te dejo lo que queda de él en tus manos (aunque ya estaba desde hace tiempo) con una condición: buscar los trocitos, unirlos, y que sea completamente tuyo.