lunes, 24 de marzo de 2014
Primer cruce de miradas, primera sonrisa involuntaria. Estás tan cerca pero tan lejos a la vez. Puedo llegar a oírte reír pero no es lo mismo que lo hagas en mi oído, poniendo melodía a la apertura de mis comisuras. Segundo cruce de miradas, segunda sonrisa involuntaria. ¿Por qué de todas las flores tuve que fijar mi atención en ti? Ya recuerdo: la intensidad de tu mirada, la sencillez y perfección de cada una de tus fracciones, tu dulzura. Maldita dulzura la tuya. Muestras serenidad como el mar aunque seas un huracán rompiendo todos mis esquemas en pocos segundos. Tercer cruce de miradas, tercera sonrisa involuntaria. Te busco entre los ojos de la gente y no estás. Estoy perdida entre tanta muchedumbre y solo tú puedes salvarme. Estoy aquí, ¿no me ves? Ven, que si tú no vuelves, ¿dónde va a florecer? Ha habido un apagón y una fuerte explosión. He tenido la oportunidad de ver los ojos de quien tengo al lado. Qué bonita la luna reflejada en esos ojos misteriosos. Me coge de la mano y un escalofrío me recorre el cuerpo. "Salgamos de aquí, que esto va a estallar tarde o temprano" cuando en realidad ya ha estallado algo en mi interior. Ahora que te vuelvo a observar con detenimiento, puedo ver perfectamente una luna entre tus comisuras y unos ojos que no ayudan. He encontrado a una luna que anda sola, que pide a gritos un mapa de sus lunares. Éramos como dos gotas de una misma nube; tú la cerveza, yo la espuma; tú la flor, yo el tallo; tú la luna, yo la noche.
Se fue. Era tan grande que desapareció del mapa llevándose consigo todas mis hazañas. Qué duro fue abrir los ojos y ver que nada ha pasado, ¿de verdad todo ha sido soñado? Guardaré todo lo soñado en algún sitio cerrado de mi corazón por si algún día inesperado te veo por algún que otro lado, será entonces cuando me tomen por chalado, pero es lo que ha tocado.
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