sábado, 28 de diciembre de 2013

8,28.


¡Feliz día de los Inocentes!
¿Qué tal por allí, todo bien? Aquí te echamos mucho de menos, pero no sólo yo, sino todos. Ahora mismo nos estamos comiendo un trozo de turrón a tu salud. Se echa de menos verte sentado en la puerta de tu casa toda la tarde viendo jugar al fútbol a los niños a quienes siempre andabas regaňando por sus miles de travesuras, que te tires horas cosiendo, andando por todo el recinto... se echan tantas cosas tuyas en falta que la lista nunca terminaría. He de contarte que muchas personas se han quedado con las ganas de que les acompañes hasta el altar y de que acudas a su boda, entre ellas, mi hermana. No te haces la idea de lo que pensará en ti en su día, de la falta que le harías estar allí, viéndola hacerse mayor, casándose al igual que tú hiciste con la persona que más amabas del mundo, pensando en lo mucho que te quería, y en lo mucho que te encantaba verla y hacerla feliz, cosa que con únicamente tu compañía conseguías, y no sólo con ella, sino con todos los que te tenían, todos los que querían más de ti, todos a los que cuanto te fuiste le partiste el alma, y el corazón. Justo hoy hacen 8 años de tu partida, 8 años del día que nos dijiste adiós para no volver, 8 años de aquel 28 de diciembre de 2005, donde más que irse una persona, se fueron las ganas de seguir adelante de muchas otras, ya que se gran vacío que nos dejaste, nadie pudo ni puede volver a llenarlo. Ese vacío tiene nombre y apellidos, y son los tuyos. Tan solo de recordar aquel día las lágrimas comienzan a hacerse presentes. Lágrimas que hoy, 28 de diciembre, abundan. Nunca te gustó vernos llorar ni vernos sufrir, siempre intentabas sacarnos sonrisas que acababas consiguiendo fácilmente, y míranos hoy, haciendo eso que tan poco te gustaba... por ti.
Se me hace tan extraño no tenerte aquí conmigo, sin sentir tus manos desgastadas en contacto con las mías, sin sentir tus labios sobre mis heridas ni sobre mis mejillas, sin sentir tus palabras cuando tenía miedo, esas palabras que me hacían olvidarlo todo y volver a ser feliz, sin tus abrazos, cuales siempre te cortaba con la excusa de que me asfixiabas de los fuerte que me apretabas, no sabes cuánto echo de menos que me cuentes de tus anécdotas, que me digas que te encantan mis hoyuelos... no sabes cuánto te extraño, y cuánto lamento no haberte confesado cuando aún estabas aquí lo mucho que te quería y lo mucho que me encantaban las cosas que hacías, aunque supongo que eso tuviste que darte cuenta, ya que siempre estaba siguiéndote y imitando cada paso que dabas. Ahora no sé hacia donde ir, no sé cómo seguir avanzando sin mi modelo a seguir, y es por eso que a veces desconfío hasta de mi propia sombra. Sólo tú sabías indicarme el camino a seguir, y pensar que ya nunca más lo harás por turrón me resulta lo más fuerte. Todos en aquel día estábamos contentos: toda la familia reunida a causa de la Navidad y que dos días antes era tu cumpleaños. Dos días. Dos días en los que pasas de cumplir años a morir.
Aunque ya no estés, te seguimos teniendo presente. Yo sé que estás a mi lado. Eres ese Ángel guardián que todos tenemos. En realidad... eres un Ángel deseando caer del cielo para volver a estar aquí, rodeado de todos los que te adorábamos. En cambio, estás allí, con los tuyos que se fueron, maldiciendo no poder estar con tu mujer cuando te extraña, cuando más te necesita; maldiciendo no poder ver a tus nietos crecer, ni a tus bisnietos nacer. Tú allí, y gente que no lo merece aquí.



Te fuiste porque eras demasiado grande para un mundo tan pequeño.

Te quiero con todo mi corazón, abuelo, y nunca dejaré de hacerlo, ni nunca dejaré de recordarte. Siempre presente.

viernes, 27 de diciembre de 2013


Todos hemos vivido sensaciones y momentos con personas que han sido muy importantes para uno mismo, ya sea en entorno familiar, amoroso u social. Esas personas se fueron de nuestro camino por ciertas circunstancias cuales nos sirven para aprender, para hacernos grandes. Esos errores del pasado cuando son recientes duelen, duelen tanto que matan, y los expresamos con caídas importantes cubiertas de lágrimas durante tiempo, en el cual nosotros pensamos que es el suficiente para olvidar todo lo vivido con esas personas. En ese tiempo lo único que hacemos es engañarnos ya que no olvidamos, sino recordamos y al recordar, nos herimos. Nuestra cabeza cree haber olvidado, pero, ¿nuestro corazón piensa lo mismo? Nunca le damos importancia a este y nos maldecimos cuando nos damos cuenta de que nuestros pensamientos son erróneos. Nuestra cabeza nos la ha jugado, como han jugado con nuestro corazón. Podemos ser todo lo fuerte que queramos, pero el corazón es la pieza débil, la que exponemos a ser herida cuando nos fiamos, cuando nos dejamos llevar. Y es que nunca llegamos a olvidar, sino que las sensaciones e momentos se almacenan en nuestro pequeño pero gran corazón hasta que el cúmulo es tan grande que explota, dejándolo en pedacitos y con un gran vacío que se llenará en cuanto alguien entre o alguien que ya está dentro se hace grande, haciéndote grande a ti. Qué ciego eres, pequeño, y qué difícil es volver a recomponerte cuando te rompen.





En el pulso de cabeza y corazón, el corazón siempre es el campeón.

viernes, 20 de diciembre de 2013


Una vez me dijeron, más bien me pidieron, que por favor nunca borrase la sonrisa. Y así hice. Con el paso del tiempo esa misma persona se fue alejando, dejando solo recuerdos, palabras, pero ningún hecho. Qué fácil es dejarse llevar por unas simples palabras provenientes de personas que en cuanto cierras los ojos te la clavan, y que todo eso pase porque de buena eres tonta, y como de buena eres tonta, vuelves a caer, vuelve a pasar lo mismo de siempre, te vuelven a olvidar, a dejar de lado cual perro en vacaciones, y llegas a ver como todo lo de tu alrededor se desploma quedando solamente tú en pie, con una sonrisa de oreja a oreja, esa sonrisa que nunca se va, que siempre está ahí hasta en los malos momentos, esa que te pidieron que nunca borraras y no lo hiciste, aunque ellos sí te borraran.
Dejarse llevar suena demasiado bien, pero no dejes que te cojan el brazo entero cuando únicamente ofreces la mano.