No se me olvida asistir a la cita de cada día de los inocentes aquí.
Todos los días es notable tu ausencia: salgo de casa y no estás en la puerta; salgo a jugar y no me regañas; me caigo y no me ayudas a levantar ni besas las heridas... cuando más se nota aún es en estas fechas, donde falta un hueco en la mesa. Son ocho nochebuenas sin ti y serán nueve nocheviejas sin tu presencia. Me parte el alma ver a tu preciosa mujer llorar cuando alguien menciona algo y esta lo relaciona contigo; cuando me ve y me dice "qué preciosa estás con el pelo así, ojalá estuviese papica aquí para verte..." a ti te encantaba el pelo largo y yo me empeñaba en tenerlo corto, en eso me parezco a ti: siempre a contracorriente del mundo y más cabezota que nadie. Sé que desde donde estés sabes todo lo que está pasando, cómo estamos cambiando poco a poco, siendo más grandes día a día y pareciéndonos cada vez más a ti. La última vez que te escribí estaba apunto de casarse mi hermana y ahora está apunto de dar a luz. Es injusto que no hayas estado presente en ese acontecimiento ni lo estés cuando nazca tu biznieto y así conocerlo, pero ten por seguro que entre todos, le hablaremos de ti, le contaremos todo lo que hiciste por nosotros, todo lo que diste por hacernos feliz, todo lo que nos querías, y le daremos todo el amor que le darías, o incluso más. Todos te querían, sin excepción. Llenabas el corazón de la gente y ponías sonrisas enormes con tus palabras y con tu presencia. Tú decías que la Luna es la más sabia, pero te equivocabas, el más sabio eras tú, que la entendías. Ahora, gracias a que le contaste el secreto de la Luna y las nubes a mi padre, lo sé también yo, pero tranquilo, está bien seguro y, seguramente, Gonzalo lo aprenderá también.
Te quiero muchísimo papica. Nueve años sin ti, no sabes cuánto duele. Eterno pero no olvidado.
Un trozo de turrón a tu salud. Te quiero.