domingo, 28 de diciembre de 2014

9,28.

No se me olvida asistir a la cita de cada día de los inocentes aquí.
Todos los días es notable tu ausencia: salgo de casa y no estás en la puerta; salgo a jugar y no me regañas; me caigo y no me ayudas a levantar ni besas las heridas... cuando más se nota aún es en estas fechas, donde falta un hueco en la mesa. Son ocho nochebuenas sin ti y serán nueve nocheviejas sin tu presencia. Me parte el alma ver a tu preciosa mujer llorar cuando alguien menciona algo y esta lo relaciona contigo; cuando me ve y me dice "qué preciosa estás con el pelo así, ojalá estuviese papica aquí para verte..." a ti te encantaba el pelo largo y yo me empeñaba en tenerlo corto, en eso me parezco a ti: siempre a contracorriente del mundo y más cabezota que nadie. Sé que desde donde estés sabes todo lo que está pasando, cómo estamos cambiando poco a poco, siendo más grandes día a día y pareciéndonos cada vez más a ti. La última vez que te escribí estaba apunto de casarse mi hermana y ahora está apunto de dar a luz. Es injusto que no hayas estado presente en ese acontecimiento ni lo estés cuando nazca tu biznieto y así conocerlo, pero ten por seguro que entre todos, le hablaremos de ti, le contaremos todo lo que hiciste por nosotros, todo lo que diste por hacernos feliz, todo lo que nos querías, y le daremos todo el amor que le darías, o incluso más. Todos te querían, sin excepción. Llenabas el corazón de la gente y ponías sonrisas enormes con tus palabras y con tu presencia. Tú decías que la Luna es la más sabia, pero te equivocabas, el más sabio eras tú, que la entendías. Ahora, gracias a que le contaste el secreto de la Luna y las nubes a mi padre, lo sé también yo, pero tranquilo, está bien seguro y, seguramente, Gonzalo lo aprenderá también.
Te quiero muchísimo papica. Nueve años sin ti, no sabes cuánto duele. Eterno pero no olvidado.
Un trozo de turrón a tu salud. Te quiero.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Sienta tan bien estar en tus brazos… pero no puedo permitirme este lujo. Sé que esto no va a salir como espero ni mucho menos, aunque la gente insista en que sí, tengo un presentimiento de que todo tarde o temprano se va a acabar esfumando. Dicen que quién no arriesga no gana, pero quién arriesga también puede perder y ese hecho me aterra ya que hay mucho en juego. Me tientas a hacer cosas que jamás haría por nadie. Algo dentro de mí me incita a seguir adelante, a no tirar la toalla, algo me ata a ti con nudo de soga y me mata poco a poco a cada segundo que paso a tu lado. Tiempo al tiempo, pero tengo claro que nunca te conseguiré, y este tal vez nos aleje. Todo lo que ves negro para mí es blanco al igual que todo lo que ves blanco para mí es negro, pero todo lo que tiene que ver contigo y todo lo que te rodea para mí es de mil de colores. Cada vez que me miras y cada vez que me tocas irradio felicidad, cuando me sueltas me es imposible ver y tropiezo. Esto solo tiene una cura, y sólo tú sabes cuál es. Mis sentidos entran en cordura cada vez que estas cerca mía y el corazón me delata cuando te acercas demasiado. Digamos que soy más tuya que mía, y eso es más malo que bueno. Perdí el norte en la primera mirada, busco dentro de tu pecho por si me encuentro, y ahí estoy, tan perdida como siempre, observando las muchas heridas del pasado y prometiéndome que no se quedarán así. Me pasaría la vida sobrevolando el cielo al que me llevan tus labios en cada beso, navegando en el misterioso mar de tus ojos y caminando sobre tu delicada piel en busca de cobijo.
Tengo el corazón hecho de pedacitos de querer y no ser correspondida nunca; te dejo lo que queda de él en tus manos (aunque ya estaba desde hace tiempo) con una condición: buscar los trocitos, unirlos, y que sea completamente tuyo.

lunes, 26 de mayo de 2014


Dime qué se esconde detrás de esos ojos marrones; las penas, las alegrías, las ambiciones. Dime de qué material están hechos tus sueños y si suelo aparecer por ellos. Dime cuál es tu veneno, ese con el que matas en cada beso, que me he topado con varias de tus víctimas y siguen aún malparadas. Dime la manera de adentrarme a tu corazón o al menos de qué hablar en una conversación. Dime cuantos secretos tienes guardados en el fondo del alma. Dime cual es el sabor de tus labios, o déjame saborearlos. Dime por donde quieres que empiece a trazar un camino a besos. Déjame ser quien te guíe en el trayecto, quien te arrope sin ningún reproche, quien te escuche cuando nadie lo haga y quien te ofrezca un hombro cuando más lo necesites. Déjame ser la espuma de tu cerveza, la estrella fugaz por la que pidas un deseo o la espina que te clavas en cada rosa que encuentres. Déjame ser la banda sonora de todas tus noches, ya sea Extremoduro o System Of A Down, pero que me escuches. Dime cuál es la clave secreta, o dime donde la tienes apuntada para poder abrirla y amueblarla a mi gusto, que la mía ya tiene hasta tus fotos. Déjame ser el brillo de tus ojos o déjame ser la luz que los ilumina. Déjame llevarte hasta el punto más alto de la ciudad para que disfrutes del atardecer y de las cosas bonitas que nos rodean en las que nunca nos paramos a pensar.  Déjame llevarte en una noche de verano a disfrutar de la tranquilidad que nos ofrecen las olas rompiéndose a nuestros pies, del cielo cubierto de estrellas, de la Luna llena. Déjame confesarte que la sensación de verte reír es la misma que escuchar un solo de guitarra en pleno directo.

Son tantas las cosas que tengo en mente para hacer contigo que me faltarían días para mencionarlas al completo, lo único que necesito es tu calor, tu presencia, te necesito a ti

sábado, 12 de abril de 2014


Me mata la forma en que me miras, el brillo de tus ojos, tu mirada penetrante e misteriosa, la Luna reflejada en tus ojos, las arrugas que te salen al lado de estos cuando ríes; me mata la apertura de tus comisuras cuando muestras tus alineados pequeños dientes blancos; me mata el color de tus carnosos labios, su fino tacto, su dulce e inexplicable sabor; me mata cómo tu fino cuello pide a gritos ser devorado; me mata tu perfecta silueta; me matan tus finas pero fuertes piernas; me matan tus pequeños pies y sobre todo diminutos dedos; me mata el tono de tu voz, me mata la forma en la que me mencionas; me mata tu olor; me mata el color de tu piel; me matan tus caricias mientras me cantas susurrando hasta conciliar el sueño; me matas cuando sonríes en cada cruce de miradas; me matas cuando pestañeas, la forma en la que pones los labios cuando ahogas sonrisas; me matas cuando lloras pero aún más cuando ríes; me matas siendo tú, con tus virtudes y tus inconvenientes, con tus alegrías y tus miedos.
Eres un arma que mata silenciosa, y dolorosamente que siempre se encuentra cargada y que mata a todo lo que encuentra por el camino, lo mismo que hiciste conmigo.

lunes, 7 de abril de 2014


En el silencio de un invierno húmedo me arropas con tus fuertes brazos, me das el aliento que me falta con cada beso, me calas los huesos, me erizas la piel y me das calor cuando no debes. Me atormentas cada noche con tu ronroneo en la ventana insistiendo adentrarte en mi cama. No es tan simple ni fácil como parece, hay que mantener la calma.

La primavera se acerca y tú poco a poco te alejas. Cuando creo que ya no necesito que me arropes más, vuelves y me haces cambiar. De nuevo desapareces "no me mereces" pero vuelves y en nada desvaneces.

En verano me sueltas de la mano "volveré, no olvides que siempre estaré a tu lado". Es entonces cuando caigo que todo el tiempo a tu lado es un regalo que siempre he soñado aunque siempre te haya odiado.

Llega el otoño y con él llega tu amargo aroma. "Aquí me tienes, como prometí" nunca te he llamado, así que ya te puedes ir. Pero no es así. Me vuelves a atormentar cada día con segundas oportunidades que nunca llegarían y me das la vida al igual que me la quitas. "Esto no puede seguir así, he de partir". No conocía la felicidad hasta tal día

lunes, 24 de marzo de 2014


Primer cruce de miradas, primera sonrisa involuntaria. Estás tan cerca pero tan lejos a la vez. Puedo llegar a oírte reír pero no es lo mismo que lo hagas en mi oído, poniendo melodía a la apertura de mis comisuras. Segundo cruce de miradas, segunda sonrisa involuntaria. ¿Por qué de todas las flores tuve que fijar mi atención en ti? Ya recuerdo: la intensidad de tu mirada, la sencillez y perfección de cada una de tus fracciones, tu dulzura. Maldita dulzura la tuya. Muestras serenidad como el mar aunque seas un huracán rompiendo todos mis esquemas en pocos segundos. Tercer cruce de miradas, tercera sonrisa involuntaria. Te busco entre los ojos de la gente y no estás. Estoy perdida entre tanta muchedumbre y solo tú puedes salvarme. Estoy aquí, ¿no me ves? Ven, que si tú no vuelves, ¿dónde va a florecer? Ha habido un apagón y una fuerte explosión. He tenido la oportunidad de ver los ojos de quien tengo al lado. Qué bonita la luna reflejada en esos ojos misteriosos. Me coge de la mano y un escalofrío me recorre el cuerpo. "Salgamos de aquí, que esto va a estallar tarde o temprano" cuando en realidad ya ha estallado algo en mi interior. Ahora que te vuelvo a observar con detenimiento, puedo ver perfectamente una luna entre tus comisuras y unos ojos que no ayudan. He encontrado a una luna que anda sola, que pide a gritos un mapa de sus lunares. Éramos como dos gotas de una misma nube; tú la cerveza, yo la espuma; tú la flor, yo el tallo; tú la luna, yo la noche.
Se fue. Era tan grande que desapareció del mapa llevándose consigo todas mis hazañas. Qué duro fue abrir los ojos y ver que nada ha pasado, ¿de verdad todo ha sido soñado? Guardaré todo lo soñado en algún sitio cerrado de mi corazón por si algún día inesperado te veo por algún que otro lado, será entonces cuando me tomen por chalado, pero es lo que ha tocado.