viernes, 27 de diciembre de 2013


Todos hemos vivido sensaciones y momentos con personas que han sido muy importantes para uno mismo, ya sea en entorno familiar, amoroso u social. Esas personas se fueron de nuestro camino por ciertas circunstancias cuales nos sirven para aprender, para hacernos grandes. Esos errores del pasado cuando son recientes duelen, duelen tanto que matan, y los expresamos con caídas importantes cubiertas de lágrimas durante tiempo, en el cual nosotros pensamos que es el suficiente para olvidar todo lo vivido con esas personas. En ese tiempo lo único que hacemos es engañarnos ya que no olvidamos, sino recordamos y al recordar, nos herimos. Nuestra cabeza cree haber olvidado, pero, ¿nuestro corazón piensa lo mismo? Nunca le damos importancia a este y nos maldecimos cuando nos damos cuenta de que nuestros pensamientos son erróneos. Nuestra cabeza nos la ha jugado, como han jugado con nuestro corazón. Podemos ser todo lo fuerte que queramos, pero el corazón es la pieza débil, la que exponemos a ser herida cuando nos fiamos, cuando nos dejamos llevar. Y es que nunca llegamos a olvidar, sino que las sensaciones e momentos se almacenan en nuestro pequeño pero gran corazón hasta que el cúmulo es tan grande que explota, dejándolo en pedacitos y con un gran vacío que se llenará en cuanto alguien entre o alguien que ya está dentro se hace grande, haciéndote grande a ti. Qué ciego eres, pequeño, y qué difícil es volver a recomponerte cuando te rompen.





En el pulso de cabeza y corazón, el corazón siempre es el campeón.

1 comentario: