No quiero escuchar otra voz o risa que no sea la tuya, no quiero que me acaricien otras manos que que no sean las tuyas, no quiero besos si no son tuyos, no quiero perderme en otros ojos que no sean los tuyos, no quiero pasarme horas mirando a alguien dormir que no seas tú, no quiero sentir cosquillas en el alma si no las causas tú, no quiero pintar mi corazón de otro color que no sea morado... debería, pero, no puedo. A veces siento como si me estuviese cayendo por un precipicio, como si me perdiese en un laberinto enorme sin salida, como si me fallasen las piernas y no pudiese caminar, como si estuviese en el desierto sin agua ni sombra... pero llegas, me abrazas, acaricias, besas... y todo se pasa; todo lo malo se vuelve bueno y todo lo negro, blanco.
Desgraciadamente, aunque me hagas mil pedazos, es difícil encontrar a otra persona que tenga un hilo tan fuerte para reconstruirme como el que tienes tú.
En voz alta, hasta dejarme la garganta... que me encantas.
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